Hipocondríacos, enfermos imaginarios

Mujer joven con cabello castaño, viste una blusa blanca y presenta dolor de cabeza

La hipocondría consiste en una grave y continua preocupación por la propia salud. Se trata de una fobia que hace que algunas personas vivan en constante estado de ansiedad y, en ocasiones, acaben por enfermarse.

Estos pacientes presentan diversos malestares imaginarios que van en aumento progresivo, al grado de estar convencidos de que la enfermedad  es real. El cuidado de nuestro cuerpo y las preocupaciones razonables por la salud son conductas adecuadas, que sirven para prevenir diferentes padecimientos. Y, desde luego, cuando realmente existe una enfermedad.

La hipocondría es un problema de salud mental, por el simple hecho de sentir uno o varios síntomas que en la mayoría son inventados o exagerados. En ocasiones este problema puede ser muy severo, ya que puede dañar la calidad de vida de quienes lo padecen y la de sus familiares. 

Además, por las múltiples consultas médicas, puede afectar seriamente la economía del paciente. Desde el punto de vista psicológico, la hipocondría es la actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. Un trastorno en el que la persona interpreta síntomas somáticos de depresión y ansiedad como enfermedad. 

Para algunos médicos,  la sobreprotección, la educación basada en el miedo, el padecimiento de alguna enfermedad grave durante la infancia, la muerte de alguna persona cercana, son algunas las causas principales que pueden provocar el desarrollo de la hipocondría. Otras personas, se refugian en este trastorno para llamar la atención, eludir responsabilidades, desarrollar compasión o mantener a alguien a su lado.

Hombre mayor sentado en un sillón tocándose su cabeza con ambas manos y sintiendo dolor
Depositphotos / Captura Images

El centro de sus conversaciones son las enfermedades. Después de visitar un enfermo, leer un artículo o ver algún programa televisivo sobre salud, asume que tiene los síntomas. Llega a presentar molestias abdominales, calambres musculares, cefaleas, sudoración excesiva o aumento de la frecuencia cardíaca, sin motivo aparente. 

Investiga sobre medicamentos o remedios de todo tipo y los compra con el fin de probar su efectividad. Consulta a varios médicos, aun cuando estos le han comentado que no padece ninguna enfermedad. Se trata de un padecimiento que se puede manifestar a cualquier edad, no sólo en las personas mayores. 

El hipocondríaco concentra en su enfermedad toda su energía y sus pensamientos, consulta a muchos médicos y se somete a muchos análisis, pero nunca logra tranquilizarse. 

El diagnóstico se establece cuando después de los exámenes realizados, no se encuentra nada; sin embargo, la preocupación del enfermo es excesiva lo que le provoca estrés y afecta su vida personal. En estos casos una consulta con un especialista es recomendable, no obstante, no es sencillo que el enfermo admita que el hipocondríaco.

Habitualmente, el tratamiento se basa en terapias psicológicas. Las primeras van orientadas a una serie de tareas, por ejemplo, se le pide que no busque más médicos ni asista a urgencias hospitalarias, que no hable de salud ni de enfermedad. Una vez que se haya establecido este primer paso, se tratan de reducir los síntomas de ansiedad e incapacitación que se producen; para esto se hace un trabajo sobre las situaciones temidas, para que el paciente pueda afrontarlas sin angustia. 

El problema, sin embargo, radica en que los pacientes no suelen ser conscientes de su enfermedad y consideran normales sus actuaciones, por lo que es difícil que se sometan a las terapias. Por desgracia, los hipocondríacos más graves no suelen ir a consulta médica. 

El hipocondríaco se siente incomprendido, nadie es capaz de detectar su enfermedad. Como piensa que su padecimiento no tiene solución, no sólo se angustia, sino que puede desarrollar una fuerte depresión. Estos pacientes sufren mucho, se creen enfermos y tienen sensaciones que así lo apuntan, pero lo único que reciben son palabras que le indican lo contrario. 

Hay que distinguir entre la hipocondría y el interés normal por la salud. Es natural y recomendable que una persona aparentemente sana consulte al médico cuando tenga algún síntoma anormal. La diferencia consiste en que a los que no son hipocondríacos les tranquiliza que el examen no revela ninguna enfermedad, reacción contraria de quienes sí lo son. 

Hoy día, sabemos la importancia que tiene el pensamiento positivo como conductor de bienestar mental y físico, por lo que es importante dirigir nuestra mente hacia algo de provecho y alejarla de lo negativo. Asimismo, no hay que olvidar que para la recuperación del paciente es muy conveniente la colaboración de su familia, y que esta entienda que la hipocondría es un trastorno serio que tiene un fondo más delicado que la simple invención de enfermedades. 

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