Ansiedad, ¿cuándo es normal?

Ante un examen, una entrevista de trabajo o en una cita importante, en más de una ocasión todos hemos sufrido ansiedad frente a una situación concreta de la vida. Tener esta sensación es muy normal, siempre y cuando no se pierda el control.

La ansiedad nos ayuda a mejorar el rendimiento y la adaptación a nuestro entorno social bajo condiciones normales. Ninguna reacción de nuestro cuerpo ocurre por casualidad. La ansiedad, en este caso, tiene la función de movilizarnos ante situaciones que nuestro cuerpo considera, por alguna causa, preocupantes o amenazantes.

La ansiedad se puede describir como una emoción sana que ayuda a enfrentarnos a situaciones conflictivas de la vida. Nos hace reaccionar frente a problemas que podrían superarnos. Sin embargo, hay que distinguir entre la ansiedad fisiológica, que es el estado de tensión que acompaña a una situación particular y objetivamente peligrosa, de la ansiedad momentánea del comportamiento, el cual provoca la imposibilidad de afrontar situaciones determinadas sin razón aparente.

Miedo, angustia, ansiedad

Los términos angustia, miedo, nerviosismo, inseguridad, inquietud o tensión representan descripciones de diferentes vivencias relacionadas con la ansiedad. Las palabras ansiedad, miedo o angustia, aunque muchas veces son empleadas como sinónimos, tienen sutiles diferencias en cuanto a significado y origen.

El miedo es una reacción normal frente a peligros o amenazas que vienen del exterior y son claramente reconocidas por la persona. La angustia, por otro lado, aparece sin motivo y en la mayoría de las ocasiones independiente de las circunstancias externas. La angustia es una manifestación emocional caracterizada por un temor a lo desconocido o a lo amenazante. Este temor se contrapone al miedo, que es un temor más concreto y definido.

La angustia normal se basa en preocupaciones sobre un futuro inmediato que desaparecen al resolver los problemas. La palabra angustia proviene de una matriz que significa constricción, sofocación, estrechez u opresión.

La ansiedad provoca un malestar psíquico-físico caracterizado por una sensación o desasosiego ante lo que se vive como una amenaza inminente pero que tiene en realidad una causa indefinida. Proviene del latín anxietas, que significa congoja o aflicción.

Todas las emociones y sensaciones descritas pueden ocurrir de forma separada o simultánea y de manera convencional. A lo largo de la vida el 15 % de la población en general presenta estos trastornos. Suelen ser más frecuentes en mujeres que en hombres.

Síntomas de la ansiedad

Cuando una persona sufre ansiedad, su cuerpo puede reaccionar con una sensación parecida al miedo, acompañada por malestar general, con unos síntomas que pueden variar. En situaciones normales y aparentemente no peligrosas, salta la alarma dejándose notar con algunos de estos síntomas:

  • Taquicardia y palpitaciones.
  • Sudoración o sequedad de boca.
  • Sensación de ahogo o de atragantarse.
  • Inquietud y sensación de tener los nervios de punta.
  • Dificultad para conciliar el sueño y para permanecer dormido.
  • Trastornos gastrointestinales, mareos y/o dolores musculares.

Estos síntomas se pueden multiplicar y agudizar cuando se sufren ataques de pánico, un trastorno habitual en personas que padecen ansiedad.

Las causas

Aunque no se conocen del todo las causas exactas de la ansiedad, se sabe que pueden ser biológicas, psicológicas y dependen del entorno de la persona, tales como: 

  • Genética (predisposición o antecedentes familiares).
  • Estrés (dificultades en las relaciones personales, problemas laborales o enfermedades físicas).
  • Depresión
  • Alcoholismo
  • Experiencias traumáticas, como separaciones, accidentes o muerte de familiares.

¿Cómo tratar la ansiedad?

El tratamiento de un estado de ansiedad requiere primero que el problema esté correctamente identificado, pues hay muchos tipos de ansiedad y cada uno necesita ser abordado de un modo diferente.

Es importante que el paciente reconozca su problema y quiera solucionarlo. La ansiedad suele tratarse con terapias psicológicas (que pueden por sí solas acabar con el trastorno), y medicación.

Acudir al médico

Si la preocupación o ansiedad excesiva sobre asuntos diversos se prolonga durante varios meses, puede existir un trastorno generalizado de ansiedad. Hemos visto cómo la ansiedad es una respuesta del organismo que nos puede ayudar en la vida cotidiana, pero esta reacción puede dejar de ser adaptativa cuando resulta claramente desproporcionada frente a una situación. Es entonces cuando estamos sufriendo ansiedad patológica.

Cuando los cambios que el cuerpo experimenta en momentos de ansiedad son vividos como una emoción negativa, muy desagradable e incluso dolorosa, se considera que se padece un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

La ansiedad patológica se vive como una sensación difusa de angustia o miedo y deseo inmediato de huir, sin que aquél que lo sufra pueda identificar claramente el peligro o la causa de este sentimiento.

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