Diversas pastillas de color rojo fuera d un frasco. A un lado hay una jeringa sobre unos papeles

Septicemia: ¿Qué es y cómo se puede prevenir?

Requiere una atención médica urgente y un enfoque multidisciplinario.

La septicemia, también conocida como sepsis, es una condición médica seria que surge cuando el cuerpo responde de manera extrema a una infección.

Aunque puede afectar a cualquier persona, independientemente de su edad o salud, la septicemia a menudo se presenta en pacientes hospitalizados o en aquellos con sistemas inmunológicos comprometidos. 

Causas

La septicemia se desencadena cuando el cuerpo intenta combatir una infección y, en lugar de combatirla eficazmente, responde de manera exagerada. Las bacterias, virus u otros patógenos liberan toxinas que desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica. Esta respuesta puede resultar en la activación de una cascada de eventos que llevan a una serie de complicaciones graves.

Las infecciones más comunes que pueden conducir a la septicemia son las respiratorias, del tracto urinario, abdominales o de la piel. Es fundamental abordar las infecciones de manera oportuna para prevenir el desarrollo de la septicemia.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de la septicemia pueden variar, pero comúnmente son: 

La pronta identificación y diagnóstico son cruciales para iniciar el tratamiento adecuado.

Diagnóstico

El diagnóstico de la septicemia implica una evaluación clínica integral, pruebas de laboratorio y, en algunos casos, imágenes médicas. La rapidez en el diagnóstico es esencial, ya que la septicemia puede progresar rápidamente y conducir a complicaciones graves.

Evaluación clínica
  • Síntomas y signos: Los médicos evalúan los síntomas del paciente, que pueden incluir fiebre alta, confusión, dificultad para respirar, ritmo cardiaco acelerado, presión arterial baja, entre otros. La identificación de estos signos es crucial para iniciar rápidamente las pruebas de diagnóstico y el tratamiento.
Pruebas de laboratorio
  • Hemocultivos: Se extraen muestras de sangre para identificar la presencia de bacterias o microorganismos en el torrente sanguíneo. Los hemocultivos ayudan a determinar el tipo de bacteria o patógeno responsable de la infección.
  • Análisis de sangre: Los análisis de sangre pueden revelar signos de inflamación, como un recuento elevado de glóbulos blancos o niveles elevados de proteínas inflamatorias como la proteína C reactiva (PCR) y la procalcitonina.
  • Coagulación y función hepática: Pruebas adicionales pueden evaluar la función del hígado y la coagulación sanguínea, ya que la septicemia puede afectar estos sistemas.
Imágenes médicas
  • Radiografías y ecografías: Estudios de imágenes, como radiografías de tórax o ecografías abdominales, pueden ayudar a identificar la fuente de la infección, como neumonía o abscesos.
  • Tomografía computarizada (TC): En casos más complejos, se puede realizar una TC para obtener imágenes más detalladas de órganos internos y evaluar la extensión de la infección.
Medición de parámetros fisiológicos
  • Gases en sangre y oximetría: La medición de gases en sangre y la oximetría evalúan la capacidad del cuerpo para transportar oxígeno, siendo esencial en casos de septicemia que afectan la función pulmonar.
Puntuación de severidad
  • Escala de Glasgow y SOFA (Sequential Organ Failure Assessment): Estas escalas se utilizan para evaluar la gravedad de la septicemia y la disfunción orgánica. Evalúan parámetros como la respuesta neurológica, la función pulmonar, la función cardiovascular, entre otros.

Es importante destacar que el diagnóstico de la septicemia a menudo implica una combinación de estos métodos, y los especialistas interpretan los resultados en conjunto para tomar decisiones informadas sobre el tratamiento.

Tratamiento

El tratamiento de la septicemia generalmente implica la administración inmediata de antibióticos para combatir la infección subyacente. Además, los médicos pueden recurrir a terapias de soporte, como líquidos intravenosos, para mantener la presión arterial y la oxigenación adecuadas.

En casos graves, la septicemia puede requerir cuidados intensivos, en los que se monitorea estrechamente al paciente y se proporciona apoyo vital. Es crucial la colaboración entre médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud para garantizar un enfoque integral.

Prevención

La prevención de la septicemia implica abordar las infecciones de manera proactiva y promover hábitos saludables. Es vital practicar una higiene adecuada, completar los tratamientos de antibióticos según las indicaciones médicas y buscar atención médica cuando se presenten signos de infección.

La septicemia es una condición grave que requiere una respuesta rápida y efectiva. La prevención, la identificación temprana y el tratamiento adecuado son clave para abordar esta amenaza silenciosa y preservar la salud de quienes la padecen.

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